Choque de Reyes - Canción de Hielo y Fuego II, de George R. R. Martin

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George R.R. Martin lo ha conseguido. Tras unos prometedores comienzos con novelas como Muerte de la luz o Sueño del Fevre, su carrera conoció un eclipse por el fracaso comercial de El rag del Armagedón, un ajuste de cuentas con los años sesenta a ritmo de rock’n’roll. Reciclado en guionista de series de televisión y coordinador de las antologías colectivas Wild Cards, Martin parecía perdido para la literatura fantástica, demasiado ocupado en ganarse el pan como para intentar seducir de nuevo a un mercado que había rechazado sus obras más refinadas. Pero los primeros volúmenes de Canción de hielo y fuego lo cambiaron todo.

En ellos, Martin vuelve al fantástico para vengarse: por un lado, suponen la cima creativa de un autor cuya valía nunca fue puesta en duda; por otro, han atraído por fin a ese público masivo que hasta ahora se mostraba esquivo. Libro a libro, Canción de hielo y fuego ha ido reuniendo a una enorme cantidad de seguidores que devoran cada nueva entrega y amenizan la espera de las siguientes releyendo las anteriores, debatiendo en foros de Internet los más oscuros acontecimientos de la serie e interpretando las pistas más vagas con las que Martin ha ido sembrando sus tramas. Canción de hielo y fuego amenaza incluso, a decir de sus más fervientes admiradores, con desbancar a El Señor de los Anillos de su podio de mejor obra fantástica de todos los tiempos (lo que constituye una evidente exageración, pero refleja los extremos de entusiasmo a los que conduce Martin). Todo un éxito de crítica y ventas, conseguido tras décadas en el oficio.

Y sin embargo, en apariencia, Canción de hielo y fuego no se diferencia demasiado de otras sagas épicas interminables: con el mismo escenario pseudomedieval y mágico, el mismo argumento enrevesado con personajes que vagan de un lado para otro, y el mismo conflicto cosmológico entre la luz y las tinieblas. Todo esto es cierto, y sin embargo, quien lo afirme evidentemente no ha leído la serie.

El mundo que Martin despliega ante nuestros ojos hunde sus raíces en referencias históricas: Poniente es una imagen especular de Gran Bretaña, y las principales familias, los Stark y los Lannister, remedan a los York y los Lancaster de la guerra de las Rosas; la perdida Valyria, medio Roma, medio Atlántida; las oleadas de antepasados que hacen las veces de celtas, sajones y normandos; los jinetes de las estepas recuerdan a los mongoles; los guerreros de las Islas del Hierro a los vikingos... Pronto descubrimos otra interesante característica: que, al contrario que en las series de la estela de Tolkien, en Canción de hielo y fuego la magia no está desapareciendo, sino que está regresando, tras un largo hiato llamado verano y acompañando a la llegada del temido invierno que resuena en el lema de los Stark.

Además, Martin introduce una apreciable ambigüedad moral. Ciertamente, al comienzo de la partida hay personajes más y menos agradables, y motivos más y menos nobles para actuar. Pero a lo largo de la serie veremos que rara vez los mejores personajes llegan a convertirse en héroes, que los más perversos pueden causarnos tanta o más simpatía, y que ni la astucia ni la nobleza, ni los ejércitos ni la magia, son suficientes para asegurar que un jugador del juego de tronos no será barrido del tablero a las primeras de cambio.

La principal herramienta con la que Martin opera estos cambios de rumbo, y la base de la capacidad de entretenimiento y sorpresa de su Canción de hielo y fuego, es la narración desde sucesivos puntos de vista de personajes concretos. En cada volumen contamos con un grupo de personajes cuyas peripecias seguiremos a través de un narrador en tercera persona, pero colocado sobre el hombro de cada uno, sin atisbos de omnisciencia. Cada capítulo, presidido por el nombre del personaje al que sigue, nos proporciona más información sobre lo que va pasando, pero al mismo tiempo nos ciega temporalmente ante las otras tramas. Al contrario que en los best-sellers al uso, este cambio constante de punto de vista (que siempre hace que lamentemos cuando acaba uno, para vernos absorbidos rápidamente por el siguiente) no provoca una multiplicación de las páginas al reiterar acontecimientos, sino que progresa a lo largo del tiempo, de forma que algunos de los grandes sucesos de la serie se presencian de refilón (la ejecución de cierto protagonista al final de Juego de tronos), o directamente se refieren de forma elíptica (algunas de las grandes batallas de este Choque de reyes... pero no todas).

Amplia, ambiciosa, bien narrada y absolutamente adictiva, el único pero que se le puede poner a la serie a día de hoy es su condición de obra sin terminar. Comenzada en 1996, no está previsto que Martin la termine hasta dentro de otros cuatro o cinco años. El autor, además, se enfrenta al desafío de competir no sólo consigo mismo, haciendo el argumento cada vez más interesante, sino con las expectativas de sus activos lectores, que en los foros de Internet parecen haber previsto cada posible desarrollo y cada desenlace de cada trama en los siguientes volúmenes.

No obstante, a los que estamos rendidos ante la pericia de Martin, esto no nos importa demasiado. Sólo deseamos una cosa: tener pronto en nuestras manos el siguiente volumen.

Los Pilares de la Tierra de Ken Follet

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El título ya de por sí es revelador.


Una catedral gótica y su proceso de construcción sirven de excusa para la articulación de una historia que transcurre en la Edad Media, época de caballeros y escuderos, pero con un contenido sin anacronismos, en el que se entrecruzan sentimientos atemporales, como el odio, el amor, la venganza, o el miedo.

El punto de partida es el ahorcamiento de un personaje extravagante, y la maldición que su mujer perpetra a sus acusadores. Por otro lado, Tom, un constructor, y su familia, comienzan un viaje sin retorno por los tortuosos caminos de Inglaterra, tratando de encontrar trabajo. Tom aspira a participar en la construcción de un edificio catedralicio, es su gran sueño. A partir de ahí, se sucederá una cascada de acontecimientos, y nunca mejor dicho. No tenemos ante nosotros un manual de construcción, sino un libro donde las vivencias de los personajes ocupan un primer plano.

Una vez uno se adentra en la trama, no puede dejar de leer. Por su tamaño (casi 1400 páginas) es imposible acabar este libro en una sentada. Pero casi es de agradecer. Cada hoja de lectura supone un nuevo descubrimiento. Ken Follet, el autor, como todo escritor de best-sellers que se precie, hace que las acciones de los personajes se desarrollen a un ritmo rápido. No se pierde en descripciones innecesarias, y consigue que para entender la página siguiente sea imprescindible haber leído la anterior. Y esto, si ya de por sí es difícil en cualquier novela, en una de gran extensión lo es aún más. Otras novelas de Follet ("La Isla de las Tormentas", "El Valle de los leones") tienen una temática muy distinta. Son novelas ensalzadas por el márketing, de gran tirada, y rápida lectura. Lo que podriamos denominar como "fast food" literario. Y lo arriesgado de su apuesta se compensa con una historia que deja "un poco huérfano" al que culmina su lectura.

Los hechos históricos que rodean las circunstancias de los personajes (el naufragio del White Ship, la guerra civil entre Maud y Henry o el asesinato de Thomas Becket) sustentan la historia de ficción. Y así se revela el ingenio del autor para entremezclar elementos reales e imaginarios.

La lectura del libro no constituye una dificultad añadida, lo que sin duda ayuda a que la rapidez con que se termine sea mayor. Pero, a diferencia de otras obras caracterizadas también por poseer un gran número de páginas, no hay tramos aburridos en los que se esté deseando pasar a otros acontecimientos de la novela. El interés se mantiene casi a lo largo de todo su desarrollo. El resultado es una novela muy amena, enriquecedora y cautivadora. Un argumento original, basado en un rompecabezas inteligente de personajes que no defraudan. Intriga, historia, acción y amor. Una mezcla variada y efectiva.

Hace recapacitar sobre bastantes cosas. Como, por ejemplo, en que cualquier tiempo pasado no fue mejor. La barbarie en la época medieval, tan incivilizada y primitiva, era el pan nuestro de cada día. El sometimiento del siervo a la prepotencia del señor es una sensación desconocida para los que vivimos en pleno siglo XXI. Pero el escritor transmite esa idea a la perfección. La identificación con los protagonistas es genuina. Si bien en la actualidad, al menos dentro del mismo marco geográfico, no es posible encontrar circunstancias legales de tamaña índole, las sensaciones y las reacciones de los personajes frente a las injusticias que se suceden, son imperecederas: la impotencia ante el sufrimiento de los seres queridos, el drama de una relación imposible, la estupefacción ante la impunidad de las maniobras de los poderosos, el amor y el erotismo, el dolor y la muerte.

El escritor de la novela no se preocupa por ceñir, a la maniera de otros, el vocabulario de los personajes a la época en que viven. Pero eso los hace más cercanos. Es una historia de antes contada en la actualidad, como las leyendas que se transmiten de generación en generación, y que se adaptan a las nuevas formas de ser contadas.

Los héroes de la historia lo son por méritos propios, pero ya no por llevar a cabo grandes gestas. Sobretodo, por superar el día a día, por levantarse una y otra vez y sobreponerse a las dificultades. Por creer en una vocación, religiosa o profesional. Por tener fe en un sentimiento, en una persona, o en un ser superior. Y con la certeza de que se recoge lo que se siembra. Cada uno de ellos, por muy diferente que sea su escala de valores, es fiel a su objetivo. Los obstáculos, por insalvables que parezcan, no les hacen desistir. Persisten. Luchan. Y... ¿logran lo que buscan? Eso ya no es lo importante. Lo que cuenta es el modus operandi. Y lo que yo admiro.

 

JT.

El Señor de las Moscas de William Golding

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El señor de las moscas (Lord of the Flies en inglés) es la primera y más célebre novela de William Golding. Publicada en 1954, se considera un clásico de la literatura inglesa de posguerra. En el año de su publicación no tuvo apenas difusión, manteniendo un volumen escaso de ventas. Años más tarde alcanzó gran fama en Inglaterra, considerándose imprescindible su lectura en colegios e institutos. Es una novela distópica.

La obra es una fábula de la naturaleza humana, la historia de un grupo de niños ingleses que, tras un accidente aéreo, se ven abandonados en una isla desierta de adultos y deben luchar por sobrevivir y buscar una salida. A través de una narración en la que se intercalan la descripción de paradisíacos paisajes con fluidas escenas de lo que los niños hacen, William Golding invita al lector a comprender la naturaleza humana a través de constantes signos y símbolos alegóricos. La obra aborda temas fundamentales de la vida humana como son la necesidad de autoridad y valores morales, la naturaleza de la sociedad humana, el peligro del salvajismo, la religiosidad o la culpabilidad. Lo que a priori parecería una descripción de la edad infantil se convierte, página tras página, en toda una enseñanza sobre el hombre y la radicalidad de su existencia.

 

El comienzo del libro, con Ralph y Piggy de protagonistas, promete una historia de apasionantes aventuras y diversiones en la idílica isla a la que han ido a parar tras el accidente aéreo. La ilusión de verse liberados de la sociedad adulta de la que provienen, asi como la inmediata relación de amistad que se da entre los chicos, especialmente entre Ralph y Jack, los más carismáticos, hace que se sientan felices, invadidos de una vibrante emoción por la multitud de oportunidades de diversión que ofrece la isla. Largos chapuzones en la playa, expediciones por el bosque, búsquedas de nuevos paisajes... todo ello genera un clima de éxtasis entre los niños que pronto se irá truncando con el advenimiento de imprevistas dificultades. Pero antes de todo ello, el autor muestra la sociabilidad natural del hombre a través del primer encuentro entre los dos grupos diferenciados de chicos, del que sale un principio de sociedad y de acuerdos constitutivos de una autoridad (el Jefe, Ralph) elegida por votación, y la asignación de tareas a los distintos grupos de niños (cazadores, vigilantes de la hoguera, constructores de refugios...). Pero el disfrute moderado por las normas comienza a romperse con el afloramiento de los desórdenes del género humano: la pereza y la irresponsabilidad de unos en sus tareas, la desobediencia de otros, el orgullo y el desafío de Jack... Estos hechos rompen la armonía social, y se unen a uno que los resume y engloba a todos: el olvido del fin, de la única cosa importante, el rescate.

El simbolismo del rescate es, posiblemente, el argumento principal de la obra, y también el más controvertido. En todo caso, la decadencia de la vida de los niños en la isla corre pareja al progresivo olvido de la importancia de mantener la hoguera encendida y, con ella, la mecha de la esperanza de un rescate, de volver a casa. Sólo Ralph, Piggy, su fiel escudero intelectual, y Simon, un chico lúcido pero introvertido, son capaces de mantener, no sin dificultades, la conciencia de la importancia de atender la hoguera para ser rescatados. Los demás, arrastrados por el temperamento y el tiránico liderazgo de Jack, van apartándose poco a poco de la misión de ser rescatdos para dedicar su tiempo a la caza violenta de jabalíes, la cual deja de tener un carácter utilitario (alimetarse) para convertirse en la finalidad última de una vida que se ha tornado ya salvaje, anárquica, con macabros rituales. Ya no hay restos en ella de la civilización que les vio nacer, ni siquiera añoranza de volver a ella. Olvidaron el fin, las normas que sirven para alcanzarlo, y se entregaron al placer de la violencia salvaje y de una sumisión despreocupada a la tiranía de Jack.

Otro tema importante es el temor, el miedo que sienten hacia una fiera que es más un producto de su imaginación que no un ser real. La aparición del temor y las pesadillas se da al comienzo, cuando el efecto hipnótico que constituye la isla deja de tener la fuerza de la novedad, y la isla comienza a mostrar su otra cara, la que tiene el rostro del misterio y la oscuridad. Simon es el único que se da cuenta de que la fiera está en cada uno de ellos, por dos razones: es un producto de su imaginación, pero sobre todo, está en ellos porque a lo largo del relato están constantemente cruzando la línea que divide al hombre del animal salvaje. Este aspecto es el que ha hecho a algunos analistas relacionar al autor con la antropología del filósofo Thomas Hobbes, famoso por la utilización que hace del proverbio "el hombre es un lobo para el hombre(homo homini lupus)". Pero la intención que podemos adivinar en William Golding no es tanto destacar el carácter intrínsecamente malvado o perverso del hombre, sino el riesgo que existe para una civilización cuando los hombres que la pueblan olvidan el fin al que se dirigen y sus cauces morales, mientras que las experiencias propiamente humanas dejan de estar presentes en ella.

Así pues, muchos han visto en la novela de Golding una defensa de la maldad natural del hombre, de su condicion de ser tendente al salvajismo. Sin embargo, la aventura que nos relata el autor deja un angosto pero brillante espacio a la esperanza: a pesar del olvido, del salvajismo y de la pérdida de la inocencia en la que caen los niños, en todo momento podemos encontrar, si lo buscamos, un referente de lo verdaderamente humano (caracola), un signo de cordura (Piggy) y una oportunidad de volver a la armonía, de ver la isla (el mundo) como una posibilidad y no como una amenaza.

 

JT.

El día de los Trífidos de John Wyndham

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Antes de comenzar, he de confesar dos cosas. Primero, que no soy nada entusiasta, quizá por la redundancia de la misma, de la ciencia ficción post-apocalíptica. Y segundo, que no había leído hasta ahora la novela de John Wyndham a pesar de ser uno de los clásicos indiscutidos del género. Sí había visto la película (que a mí me pareció mediocre) LA SEMILLA DEL ESPACIO, basada en esta novela y rodada a principios de los años sesenta, unos diez años después de escrita ésta; pero por tratarse de una clara obra de serie B no puede ser considerada como demasiado representativa.

Sin embargo, EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS cuenta con méritos propios en relación con el conjunto del subgénero de la ciencia ficción catastrofista, siendo el más inmediato de ellos el de ser una de las primeras novelas que abordaron el tema, interesante hasta que el abuso de los autores lo saturó, del colapso de la civilización, y aun de la propia especie humana, tras un acontecimiento apocalíptico e inesperado. Original es asimismo el leit motiv utilizado por Wyndham para plantearlo; mientras el recurso más habitual suele ser el de la manida guerra nuclear, o el de la no menos sobada catástrofe astronómica con caída de cometa o asteroide incluida, aquí nos encontramos con algo más simple y no demasiado más inverosímil, la aparición de unos extraños fenómenos luminosos que dejan ciegos a todos aquellos que tuvieron la desgracia de contemplarlos, que es lo mismo que decir la inmensa mayoría de la humanidad. El origen de estas luces es algo totalmente accesorio para el autor, que da razones ambiguas y casi a regañadientes para explicarlo: al principio se atribuyen al paso de la Tierra a través de la cola de un cometa, pero más adelante el protagonista reflexionará (la novela fue publicada a principios de los años cincuenta, en plena Guerra Fría) sobre la posibilidad de que fueran el resultado de un arma secreta, desplegada sobre los satélites artificiales, que por alguna razón habría quedado sin control. Tanto da, pues lo que le interesa en realidad a Wyndham no es la causa, sino los efectos ocasionados por la catástrofe.

Pero no quedan ahí las cosas, puesto que Wyndham introduce un nuevo elemento para llevar todavía más al límite la situación: los trífidos. Estas plantas, llamadas así porque se soportan sobre tres raíces, o piernas, son el resultado de manipulaciones genéticas poco escrupulosas a partir de vegetales inofensivos, con objeto de conseguir variedades de alto valor económico. El problema es que el experimento se les va de las manos a sus promotores, que acaban creando unos vegetales capaces de moverse por sí mismos y dotados además de un aguijón extremadamente venenoso capaz de matar en minutos a una persona. Por si fuera poco los trífidos demuestran poseer algún tipo de inteligencia, si no individual, sí colectiva a la manera de los insectos sociales, lo que les hace ser todavía más potencialmente peligrosos.

El asunto de los trífidos es, en la cronología de la novela, bastante anterior al de la ceguera, lo que le permite al autor describir una situación en la que, pese a su peligrosidad, la codicia empresarial hace que estos seres sean explotados de forma intensiva... con las debidas precauciones, por supuesto. Claro está que, cuando la mayor parte de la humanidad se encuentra inerme a causa de la ceguera y los trífidos no tienen ya a quien les vigile, éstos comienzan a campar por sus respetos, convirtiéndose en un peligro mortal para los ciegos y en una grave amenaza para los pocos que conservan la vista.

Por si fuera poco con esta doble catástrofe, Wyndham da una nueva vuelta de tuerca planteando la forma en la que, sometidos a una situación extrema, en los escasos supervivientes comienzan a aflorar los peores defectos del alma humana, corroborando el viejo aforismo latino de Homo homini lupus. No se crea, no obstante, que pese a todo lo expuesto nos encontramos frente a un relato pesimista; muy al contrario, el espíritu emprendedor del protagonista le hace vencer todos los obstáculos que el destino ha ido interponiendo en su camino. Concluye finalmente la novela con un canto de esperanza: la civilización se salvará pese a la tragedia, y disputará a los trífidos la hegemonía sobre el planeta que nunca debió haber perdido.

Un análisis en profundidad de EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS muestra palpablemente que, pese a cierto envejecimiento en las formas narrativas producto quizá de su origen en plena Guerra Fría, sigue siendo plenamente vigente gracias a la denuncia clara y rotunda de ciertos comportamientos humanos que, por desgracia, continúan estando en vigor: la agresividad homicida, la ambición sin límites, la insolidaridad, las conductas imprudentes cuando no temerarias... todo cuanto de malo hay en nuestro interior, compensado eso sí con las virtudes que, aunque escasas y mal repartidas, nos permiten tener fe, pese a todo, en la humanidad.

En resumen, nos encontramos frente a una novela muy recomendable.

 

JCCC.

Rascacielos, de J. G. Ballard

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La más alta alcurnia de la civilización moderna puede degradarse dentro del Rascacielos más formidable que nunca haya existido, en donde las necesidades del hombre se ven cubiertas sin necesidad de salir al exterior.

 

Ballard deja fluir su imaginación, conduciéndola por el camino en que las personas dejan de ser personas para convertirse en animales, dejando evidencias de que la Sociedad es un mero instrumento de convivencia.

 

Las diferentes disputas entre los habitantes de este titán de hormigón se convertirán en paradojas tan naturales como la supervivencia o la muerte.

 

Un libro muy recomendable para comenzar a adentrarse dentro de las fauces del género literario de la Ciencia Ficción.

 

JT.

Juego de Tronos - Canción de Hielo y Fuego I de George R. R. Martin

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" Tras el largo verano, el invierno se acerca a los Siete Reinos. Lord Eddard Stark, señor de Invernalia, deja sus dominios para unirse a la corte de su amigo el rey Robert Baratheon, llamado el Usurpador, hombre díscolo y otrora guerrero audaz cuyas mayores aficiones son comer, beber y engendrar bastardos. Eddard Stark ocupará el cargo de Mano del Rey e intentará desentrañar una maraña de intrigas que pondrá en peligro su vida y la de todos los suyos.

En un mundo cuyas estaciones pueden durar decenios y en el que retazos de una magia inmemorial y olvidada surgen en los rincones más sombríos y maravillosos, la traición y la lealtad, la compasión y la sed de venganza, el amor y el poder hacen del juego de tronos una poderosa trampa que atrapará en sus fauces a los personajes… y al lector. "

 

Es el primero de los tres volúmenes actualmente a la venta, al parecer siete son las novelas que Martin quiere escribir. Este primer ejemplar está en proceso de llevarse a la televisión america en forma de serie.

 

JT.

Soy Leyenda de Richard Matheson

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Debo confesar que al leer la brevísima reseña que aparece (como en todos los libros) en la contraportada de esta edición de Minotauro, no me esperaba mucho de esta historia. Sin embargo recordaba con extrañeza todos los buenos comentarios que había leído de ella antes de comprarla. Y bueno, es que SOY LEYENDA es ya uno de esos clásicos que la mayoría de los aficionados (yo el primero) incluiría en su antología personal de los 10 mejores títulos del género. Y se ha ganado ese lugar con sobrados méritos pues no sólo es una historia sobrecogedora y estremecedora en ciertos pasajes, sino en la que además Richard Matheson utiliza técnicas narrativas poco comunes en el género y que le dan a la historia una solidez que la ponen a la altura de cualquier obra literaria del mainstream más exigente.

 

El argumento de la historia fue el motivo que me mantuvo en esa ligerísima confusión inicial durante la cual creí que el libro sería medio flojo. Este narra de una manera breve (demasiado breve para mi gusto) pero magistral la historia de el último hombre normal que queda en la Tierra, pues el resto de la humanidad ha sido aniquilada o se ha contaminado con una bacteria que los ha convertido a todos, sin excepción, en vampiros.

 

Sinceramente no creí que con un argumento tan simple, tan clásico y gastado, como es el mito del vampiro, se pudiera hacer una obran tan excepcional pues no sólo el tema está casi agotado sino que además presentar el vampirismo como una consecuencia epidémica y de origen bacteriano no parece ser una idea creíble, consistente y fácil de desarrollar. Pero el genio de Matheson logra darle un soporte científico a esta idea y es bastante riguroso en sus descripciones y explicaciones y no sólo justifica su epidemia sino que sustenta de paso la existencia de los vampiros desde siempre y el por qué de sus conocidas reacciones hacia la luz del sol, el ajo, los espejos, las cruces y demás.

Pero más allá de la temática ciencia-ficciónera que tiene la historia lo que la hace más valiosa aún es el trasfondo de la obra, temas profundos, las inquietudes y reflexiones que se leen entre líneas. Asuntos como la soledad, el miedo a la diferencia, el sentido de la vida o la humanidad como atributo de los individuos, recorren la obra de principio fin además de la pregunta por lo que nos hace normales o anormales. En estos sentidos SOY LEYENDA es una historia bastante pesimista con pasajes llenos de melancolía y desasosiego frente a los cuales es imposible quedarse indiferente.

 

Todo esto sin mencionar la maestría narrativa de Matheson, no en vano considerado por Ray Bradbury como uno de los mejores escritores del siglo XX. El equilibro de las escenas es perfecto y los flashbacks que aparecen por aquí y por allá van dándole puntadas al lector para redondear la historia y construir ese hipotético mundo en el cual sólo queda un ser humano. La economía en las ideas, descripciones y situaciones es también llamativa pues da la impresión de que Matheson sólo describe lo necesario para confeccionar un mundo creíble pero que no aburra al lector con reflexiones o situaciones innecesarias que no aportarían nada más que extensión en páginas del libro. Por eso todas y cada una de las situaciones encajan a la perfección: los retazos del pasado, las reflexiones del presente, las situaciones límite en las que se ve involucrado Robert Neville el protagonista de SOY LEYENDA y el inesperado y genial final de la historia donde Neville termina siendo el monstruo.

 

Estamos pues frente a una obra redonda, que no deja ningún cabo suelto, una obra casi perfecta. Y digo casi por que como lector, obviamente, tengo mis propias preferencias y mis propios peros.

 

Por ejemplo, no termina de convencerme el argumento que da el autor del por qué Neville es inmune a la epidemia, o cómo es que al final los vampiros logran vencer a la muerte; pero claro estos son aspectos menores que no le quitan absolutamente nada a la contundencia de la historia, y que sin embargo podrían haber servido de excusa para que el libro tuviese un poco más de páginas. Y es que esto último es lo único que no me gustó. SOY LEYENDA es demasiado breve, demasiado corto. Se puede leer sin problemas de un solo tirón si se tiene el par de horas de rigor disponibles o una madrugada de sobra. Por eso yo no consideraría el libro como una novela corta sino más bien como un cuento largo pues en las poco más de 100 páginas que tiene de extensión no se logran desarrollar totalmente los pocos personajes que entran en escena; al parecer Matheson deja esto como tarea del lector. Pero repito, como está la obra es perfecta, redonda, contundente, sólo que a mí me hubiese gustado que fuera un poquitín más larga. Y no es que prefiera intoxicarme con esos mamotretos de más de 500 páginas llenas de basura, ideas y/o diálogos innecesarios, sino que simplemente me gusta que las buenas historias, los buenos libros me acompañen una semanita o al menos un par de días.

 

Pero bueno seguramente no he entendido aún otro de los posibles mensajes cifrados del libro de Richard Matheson: que es mejor ser sucinto y conciso, que menos es más y que más es menos y a lo mejor, en ese orden de ideas, la mitad de los párrafos de este comentario sobran, pero igual yo me entretuve escribiéndolos y tu, amigo y colega lector, los estás leyendo. Espero entonces que te sean útiles.

 

JT.

PD: No dejen pasar de largo las escenas con el perro. Por lo desolador y triste es de lo más bonito y conmovedor que hay en el libro.

Litervalor

Estimados lectores,

 

a día de hoy, catorce de noviembre de dos mil siete, se bautiza este pequeño espacio en el mundo digital, Litervalor.

 

Litervalor es una ventana abierta a las críticas y valoraciones literarias de todo aquel que haya estado bajo el influjo de la lectura de un libro.

 

Se desea abrir un hueco a las personas que disfrutaron o fueron decepcionadas tras la lectura de una obra, independientemente del género al que esta perteneciera. Y se pretende crear un clima donde los aficionados puedan expresar sus sentimientos sobre las mismas.

 

De esta forma se podrán compartir conocimientos sobre libros que, para muchos, podrían pasar desapercibidos, abriendo las barreras que nos debilitan a la hora de cambiar nuestro género literario favorito.

 

Esperando que esta humilde web os satisfaga y ayude en cuanto a lo que se habló con anterioridad, les envío un fuerte abrazo y un cordial saludo.

 

JT.

 

 

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